lunes, 9 de febrero de 2009

Oda a Celâl Bey

Sí, Celâl, yo te creía, te creía cuando escribías en ese diario de mala muerte hablando de celebridades que nunca habías conocido, y que los imaginabas caminando por sombrías calles y mirando películas nacionales en esos cines chiquititos perdidos en la niebla. Y sí, te creía, aunque sabía a ciencia cierta que todo aquello no era más que una mentira, una confabulación de todos tus personajes para vender en los periódicos.
Y sí, también te creía cuando decías que los lectores no paraban de atocigarte con llamados y que inundaban tu correo, y siempre lo decías de manera tan dramática, tan ilusa, tan compleja, tan exagerada. Sabía que era mentira, que no había ni la más mínima posibilidad de que tanta gente te mandara cartas alabándote. Era empíricamente imposible. Pero mi voluntad movía montañas, y ascendía hasta la cima de la montaña, aunque esa montaña no era otra que la de Kaf. Quería creer que era verdad, y por eso cada vez que escuchaba en el viento el susurro de tu nombre, imaginaba que eran gentíos gritando, aclamándote.
Y cuando me decías que habías tenido un éxtasis mágico en esa calle negra de una esquina de esa ciudad, tan mía, tan perfecta, tan patética, tan parecida a la mía con todos esos arrabales y oscuridades, esas nostalgias ante el progreso, ante lo ajeno.
Y cuando hablabas del Mahdi, y su prometida salvación, y la imposibilidad de la existencia perfecta y de las copias de cera que son reales, y de las personas reales que imitan a otras y se vuelven copias de cera. Y de cómo el Mahdi se vuelve el Deccal y el Deccal se vuelve el Mahdi, y de cómo nosotros somos ambos deviniendo contantemente en otro, un otro que no podemos comprender a menos que éste llegue a ser yo, pero cuando ese otro es yo ya hay otro otro alienándonos, obligándonos a cambiar nuestras esencias, nuestras almas, nuestras substancias. Y así como hablabas de los otros, eras otro, eras príncipes, sultanes, compadritos, prostitutas tangueras, pero por sobre todas las cosas, eras Mevlâna. Ese Mevlâna que contiene tu nombre, vos eras Mevlâna y Mevlâna era Celâl.
Te creo, Celâl Bey. Estoy seguro de que mentís, pero decís la verdad. No te culpes Celâl.

Requiescat in pace.

No es un cuento, no es poesía, es análisis literario

2 comentarios:

  1. Letras, es lo que usted tiene que estudiar... ¡Letras!. YO no he leído ni la cuarta parte de lo que se nota usted leyó, y sé que es más joven. Bravo mil veces y una más. ¡Salud!

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  2. No hay que leer demasiado. La literatura se maneja por patrones de la memoria. La misma historia de la metamorfosis se duplica en las mil y una noches, y en la divina comedia, y en Shakespeare. Tal vez leyendo un libro podemos conocerlos a todos. Personalmente me gusta ver las variaciones de cada uno, la ocurrencias que cada autor cree haber inventado.

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